Muchos libros han perdido un gran lector, y es que a parte de ser una figura fundamental en el mundo empresarial y posiblemente del panorama nacional del siglo XX, D. Claudio Boada demostró con gran interés su admiración y gusto por la lectura. Tal es así, que mantuvo una gran inquietud por la conservación y mejora de su biblioteca, en la cual tuve el honor de trabajar y mejorar. Debo de recordar que tuvo una gran admiración por la obra de Salvador Dalí y es que a parte de ser una persona versada en multitud de temáticas, la magia de la pintura y su crítica o lectura, fueron una de sus aficiones más marcadas.

Su curiosidad e inquietud por conocer y aprender fueron increibles; ni las nuevas tecnologías, ni la biblioteconomía moderna, fueron impedimento para que en poco tiempo fuera capaz de manejar un sistema de gestión bibliográfico experimental diseñado ad-hoc, en el que solía recuperar información y documentos biográficos.
Y como todo libro abierto, pude descubrir a una persona inteligente, íntegra, con valores y una ironía sutil o sutil ironía, que desde la amabilidad hacía sonreir a quienes le escuchaban. Sin lugar a duda se le va a echar de menos Sr. D. Claudio.

Fallece Claudio Boada, ex presidente de Banco Hispano Americano y referente del sector financiero.
- Fuente: Expansión.com
- Fecha: 23 de Agosto de 2006
- http://www.expansion.com/edicion/expansion/inversion/681833.html
La muerte de Claudio Boada, a los 86 años de edad, deja al sector financiero sin uno de sus grandes referentes. Tenía fama de buen gestor en el mundo de las finanzas y en la empresa.
"Inteligente; clarividente; preparado; gran empresario". Estos son sólo algunos de los adjetivos con los que importantes figuras del mundo empresarial español recordaban ayer a Claudio Boada Vilallonga. El empresario ingeniero industrial, padre del actual presidente del Círculo de Empresarios, falleció ayer en Palma de Mallorca, donde disfrutaba de unas vacaciones, a los 86 años de edad, a causa de una insuficiencia respiratoria, después de sufrir un pequeño accidente doméstico.
Claudio Boada (Barcelona 1920) representaba un perfecto ejemplo de la transformación de la España de la industria pesada a la España de los servicios, afirma quien le conocía. Él mismo era un ejemplo de esta transformación, ya que su carrera transcurrió desde los Altos Hornos de Vizcaya a la banca, el sector de servicios por excelencia. De hecho, Boada era ingeniero industrial. Se licenció en 1946 en la Escuela Especial de Ingenieros Industriales de Barcelona.
Brillante trayectoria. Sus primeros encargos profesionales se desarrollaron principalmente en la industria de la automoción, donde ocupó varios puestos directivos en la Empresa Nacional de Autocamiones (Pegaso). En 1967, fue elegido para presidir la primera empresa siderúrgica española, Altos Hornos de Vizcaya, que, como Pegaso, pertenecía al Instituto Nacional de Industria (INI).
Tres años después, el entonces ministro de Industria, José María López de Letona, le eligió para presidir esa institución. Durante los cuatro años en los que se mantuvo en el cargo, Boada consiguió llevar a cabo una profunda renovación del instituto público, según recuerda el ex secretario de Estado de Economía y actual consejero de Santander Guillermo de la Dehesa: "Boada trajo al INI nuevo personal, capaz de profundizar en los estudios y el análisis de la realidad económica".
Desde 1974 a 1981, Boada ocupó la presidencia de la filial española de la multinacional estadounidense Ford. Después, el sector público volvió a pedir sus servicios: fue nombrado presidente del Instituto Nacional de Hidrocarburos, cargo que ejerció hasta 1984.
Figura clave Simultaneó la presidencia de Ford España con la vicepresidencia de Banco de Madrid y de Banco Catalán de Desarrollo. Estos fueron sus primeros contactos con el mundo financiero, un sector del que estaba destinado a convertirse en una figura clave por su contribución al proceso de modernización de la banca española, que empezaba justo en aquel periodo.
En enero de 1985, este ingeniero industrial asumía la presidencia de Banco Hispano Americano, con la difícil tarea de sanear la entidad que atravesaba un momento complicado. Boada, que sustituyó a Alejandro Albert, logró reflotar el Hispano, haciéndole recuperar el terreno que había perdido frente a sus competidores, en un sistema financiero que aún se caracterizaba por el fuerte intervencionismo estatal. A Boada se debe también el saneamiento de Urquijo Unión, antigua filial del Hispano, que costó unos 95.000 millones de pesetas.
Al frente de Banco Hispano, Boada trabajó para impulsar la cooperación con otras entidades europeas. Su acercamiento al alemán Commerzbank, al francés Crédit Lyonnais y al italiano Banco de Roma desembocó en la creación, en 1989, del primer holding bancario europeo, que incluyó un intercambio de acciones entre las cuatro entidades.
Reconocimientos. En 1990, al cumplir los 70 años, Boada decidió abandonar la presidencia de Banco Hispano Americano -porque así lo preveían los Estatutos de la entidad-. Fue sustituido por José María Amusátegui, pero continuó en el banco como consejero y como presidente honorario.
Cuando, en 1992, concluyó la fusión entre Banco Hispano y Banco Central, Boada ocupó un puesto en el consejo de administración del nuevo Banco Central Hispano (BCH), la entidad que, 10 años después, se fusionaría con Banco Santander para crear el mayor grupo financiero español. En 1994, cuando Boada dejó su puesto de consejero en BCH, fue nombrado presidente honorario de la entidad.
Un año antes, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Alcalá de Henares le nombró doctor "Honoris Causa". Se trata de uno de los muchos reconocimientos que Boada recibió a lo largo de su vida, donde la faceta cultural no fue menos activa que la empresarial.
Quizás uno de los premios más prestigiosos fue el que le otorgó el Gobierno en 2004, la gran cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Savio, por su actividad en favor de la obra del pintor catalán Salvador Dalí. Boada, de hecho, era patrón vitalicio del patronato de la fundación Gala Dalí.
Entre otros cargos de prestigio, ocupó la presidencia de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), puesto que dejó al cumplir los 75 años y fue miembro honorífico del Patronato Fundación Príncipe de Asturias.
También presidió del Colegio Universitario de Estudios Financieros (Cunef), una institución de la Asociación Española de Banca (AEB). El año pasado, Boada decidió renunciar a este cargo, pero la patronal bancaria, como reconocimiento a su larga trayectoria profesional, decidió nombrarle presidente honorario.
Un ingeniero convertido a banquero-Claudio Boada Vilallonga nació en Barcelona el 14 de junio de 1920 y obtuvo el título de ingeniero industrial en la Escuela Especial de Ingenieros Industriales de la misma ciudad, disciplina en la que se doctoró poco después.
Su primera etapa profesional la ejerció como ingeniero y después de pasar por varios talleres, en 1962 pasó a ocupar el cargo de director gerente de la Empresa Nacional de Autocamiones (Pegaso), compañía de la que fue consejero director general dos años después.
Recibió el nombramiento en 1970 del entonces ministro de Industria, López de Letona, para ejercer la presidencia del Instituto Nacional de Industria (INI) hasta octubre de 1974 cuando fue nombrado presidente de Ford España.
Se unió al sector financiero al abandonar la presidencia del Instituto Nacional de Industria y ocupó simultáneamente las vicepresidencias del Banco de Madrid, Banco Catalán de Desarrollo y de la Empresa Nacional de Autocamiones (Pegaso), así como la presidencia de Promociones y Desarrollos Industriales (Prodinsa).
Su entrada en Banco Hispano Americano se produce el 22 de enero de 1985 y pasó a ocupar directamente la presidencia en un momento en el que el banco atravesaba una de sus peores crisis. Boada lo saneó y consiguió recuperar el terreno que el banco había perdido.
Vivió la fusión del Banco Central y el Banco Hispano Americano, que dio lugar al nacimiento del Banco Central Hispano en 1992. Boada era presidente honorífico del Hispano. En 1994 pasó a ser presidente de honor de BCH.
A pesar de sus dotes financieras no descuidó su afán por el arte y la cultura. Hace dos años fue galardonado por el Gobierno por su activa labor en la difusión de la obra de Salvador Dalí con la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. Igualmente recibió la Gran Cruz de Isabel la Católica, por su trayectoria profesional y fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá.
Otro gran hombre, detrás de un gran banco. A veces, la semblanza de un personaje oculta a la gran persona que existía detrás. A quienes conocieron a Claudio Boada lo primero que les brota al recordarle no es tanto su faceta financiera, como su lado más humano. Por encima de su marcado carácter "renovador", Boada, dicen sus amigos, era un "buen hombre".
Para Graciano García, director de la Fundación Príncipe de Asturias, entre las características que resaltaban de su personalidad, están las de caballero "inteligente, sutil y prudente", así como la de hacer gala de un sentido del humor "muy catalán". A este respecto, unos y otros coinciden en que el presidente honorario del BCH era un "catalán muy español", como lo define Baldomero Falcones, presidente de SCH Seguros, gentilicios de los que con frecuencia hacía gala.
Quizá, porque a Boada le tocó pertener a ésa generación de niños de la guerra, que tuvieron que luchar por defender sus ideas, dentro y fuera de España y a la que pertenecían otros grandes banqueros ya desaparecidos como Luis Valls, (1926) o Rafael Termes (1918). En este difícil entorno se forjó lo que Guillermo de la Dehesa, presidente del CEPR, califica como "un clarividente".
También la visión de aquel país desfragmentado que le tocó vivir pudo abocar su gran capacidad para trabajar y crear equipos y su cercanía y apoyo hacia aquellos que trabajan con él. Cualidades que también le valieron para desempeñar un papel "clave en la modernización económica de España, al compás de la transición política", según añade Graciano García.

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